Marcha de la vida

El poder acompañar a nuestros alumnos de Bachillerato a la Marcha de la Vida fue, sin lugar a dudas, un privilegio. Este proyecto fortaleció nuestra identidad y compromiso con el Pueblo Judío.

                                                                         
Fue muy impactante ver como nuestros jóvenes reflexionaban, sentían y se sensibilizaban ante las evidencias del evento más trágico de nuestra historia, la Shoá


Por  otro lado fue muy gratificante presenciar con ellos el éxtasis y la alegría de llegar a Eretz Israel, disfrutar del país que tenemos, honrar a quienes con su muerte nos legaron la vida y regocijarse en Yom Ha’atzmaut.


 Como Colegio nos debemos de sentir orgullosos porque nuestros alumnos demostraron  en todo momento mucho respeto, empatía y madurez.


Muchas gracias al Colegio por la confianza que depositaron en mí, esta experiencia me enriqueció mucho a nivel personal y profesional, pero sobre todo me motivó para seguir trabajando con mucho entusiasmo en la educación judía.


Sofi Betech
Maestra de estudios judaicos
Bachillerato CHT

 

 

 

 

 


MI EXPERIENCIA EN LA MARCHA DE LA VIDA

Marcha_5

La experiencia de la Marcha de la Vida fue algo que me cambió mi forma de pensar, de ver la vida. Se podría decir que fue de los mejores viajes y experiencias que he tenido porque de verdad es algo que hasta que no lo ves y lo vives no lo puedes creer. Luego de este viaje yo me llevo principalmente un orgullo de ser judía y fuerza de enseñar que aquí estamos y estaremos. 

Me llevo el deber de transmitir todo lo que aprendí para que no vuelva a pasar, de no olvidar porque nosotros somos los sobrevivientes.

Michelle Barky



La Marcha de la Vida es mucho más que un viaje.
Es todo un proceso de aprendizaje, es convertirte en un testigo de nuestro pasado, es tratar de comprender, es amar nuestra patria.
Eso y mucho más es la Marcha de la Vida.
Mi experiencia fue increíble, la semana en Polonia fue curiosamente, al mismo tiempo la mejor y la peor de mi vida.
Visitar semejantes lugares como a los que fuimos es un sentimiento indescriptible que las palabras no logran explicar.
Mientras que en la semana que visitamos Israel, confirmé mi inquebrantable sionismo.
Agradezco esta oportunidad que me ayudó a reforzar mi judaísmo, dándome tantas herramientas necesarias para lograr el objetivo final del proyecto:
Recordar y nunca olvidar.

 
Marcelle Cohen


Cuando me invitaron a participar en este gran proyecto, no estaba seguro si iba a ser el viaje indicado para mí. Lo dudé mucho porque sabía que iba a ser un viaje duro y emocional y no sabía si estaba preparado. Después de meses de juntas, ya no tenía duda, yéndome con un grupo tan increíble y tan diverso, estaba seguro que iba a ser un buen viaje, pero no sabía que iba a terminar siendo el viaje de mi vida.


La primera semana en Polonia, estuvo llena de lágrimas, desesperación, confusión y muchas otras emociones difíciles de procesar, pero con la ayuda de los madrijim y de Sofí, logramos expresarnos y muchos de nosotros convertirnos en escritores y en poetas por unas semanas. Yo creo que el día más difícil de procesar para mí, fue cuando fuimos a recorrer Birkenau. Había escuchado muchas cosas acerca de este lugar; que era gigante, obscuro y también que en todo el lugar se podía sentir una vibra pesada y macabra, nada de esto me preparó para lo que viví. No hay palabras en el vocabulario humano para describir el sentimiento de confusión y desolación que sentía al caminar por las barracas, o al caminar por los mismos pasillos que miles de judíos caminaron por órdenes de comandantes nazis.

Al día siguiente regresamos al mismo lugar para marchar, México tuvo el honor de ser la primera delegación en empezar el recorrido. Fue algo muy fuerte y extraño caminar cargando la bandera de Israel, con la frente en alto representado a todos ellos que no pudieron seguir con su camino. Al concluir la Marcha hubo una conmovedora ceremonia en la que escuchamos hermosas palabras de un rabino quien nos dio su punto de vista.


Otro día que fue especialmente traumático para mí y para muchos, fue la visita al campo de Majdanek, del que sin duda puedo decir que es el peor lugar en el mundo. No sé si la montaña de zapatos o la de cenizas humanas me pegó más, pero después de estar ahí unos pocos minutos pude sentir sufrimiento y terror por todo mi cuerpo. Nunca en la vida me había sentido más orgulloso de ser judío como cuando todos nos juntamos ahí mismo en Maydanek a cantar el Hatikva, y el mismo lugar que años atrás estuvo lleno de gritos y llantos, ese día se lleno con orgullo y amor a nuestra patria.


Como descubrir el sentimiento de calma y paz que sentimos todos al llegar a Israel. El ambiente del grupo cambió drásticamente y todos sentimos buenas energías. La semana en nuestra tierra fue enriquecedora en muchos aspectos, conocimos parte de otras culturas, convivimos  con atletas de las paraolimpiadas y festejamos con judíos de todo el mundo.


La experiencia entera fue increíble, fue algo que nunca imaginé, superó mis expectativas y me inspiro a hacer cambios en mi vida. A todos los que estén pensando en irse a este viaje les recomiendo no pensarlo más e ir. No se van a arrepentir.

Uri Barky

 


Realmente puedo decir que la Marcha de la Vida me cambió; cambió mi manera de pensar, cambió mi manera de actuar y cambió mi manera de apreciar lo que tengo. Después de haber ido a Birkenau, Auschwitz, Plaszow, Tykochin, Treblinka y Maidanek, no logro entender del todo lo que pasó; no entiendo como humanos pensantes pudieron hacer esto, no entiendo como el mundo lo permitió,  no entiendo como humanos se convirtieron en monstruos y como una persona estuvó dispuesta a exterminar a una raza completa, pero sin embargo, todo esto sucedió, y por más fuerte que haya sido, si no aprendemos sobre esto, el mundo no sabrá la verdad.

Hoy en día tenemos cada vez menos sobrevivientes, por lo tanto tenemos la obligación de hablar por ellos, y también por los que no fueron tan suertudos y no sobrevivieron, tenemos que ser testigos por todos ellos. He aprendido a imaginar lo inimaginable, es decir, que todas las cosas tan terribles que pasaron son demasiado difíciles de procesar, de imaginar y de entender para nosotros, pero gracias a D-os nosotros podemos imaginarnos, las personas que estuvieron ahí lo vivieron, y viven actualmente con la memoria.  

Tuve la oportunidad de conocer al Sr. Majzner, un sobreviviente, y es una de las mejores personas que he conocido, vive la vida de manera positiva y siempre ve lo mejor en las personas, todos deberíamos de aprender de él. La marcha de la Vida fue una experiencia única, me hizo sentir cosas que nunca había sentido antes, no tengo palabras para describir los sentimientos que sentí, ya que ni siquiera les puedo poner un nombre.

En mi opinión, todos los judíos deberían de ir ya que es nuestra responsabilidad asegurarnos que esto no vuelva a pasar nunca. No podemos ser indiferentes, como el mundo lo fue durante el Holocausto; tenemos que tomar acción para hacer del mundo un lugar mejor.

Este viaje me hizo amar a Israel más que nunca, hizo más fuerte mi judaísmo y me hizo darme cuenta de que siempre voy a tener preguntas que nadie me va a poder contestar, como por ejemplo, ¿dónde estaba D-os durante esos tiempos tan duros y fríos?, o ¿cómo es posible que seres humanos llegaron a ese nivel de odio?, pero tengo que aprender a vivir sin saber la respuesta.

No sé que hicimos para vivir en el 2015 y no en 1940, pero sí sé que tenemos que estar agradecidos por esto y tenemos que apreciar lo que tenemos. Tenemos que disfrutar a nuestra familia, apreciar las cosas pequeñas de la vida y vivir la vida al máximo, ya que nunca sabemos que va a pasar mañana.


Adina Mareyna