Marcha de la Vida

Con mucha alegría recibimos a nuestros alumnos que participaron en la Marcha de la Vida 2017

Es gratificante saber que vivieron experiencias que dejaron una huella importante en sus vidas.

Les compartimos las palabras que leyó nuestro alumno Yossy Khebzou en la plaza de Cracovia. 

Nadie nos moldeará otra vez con tierra, nadie nos tratará de despojar de nuestras tradiciones,

nadie soplará palabra a nuestro pueblo, nadie.

Nadie. Nunca jamás.

Un niño emocionado corrió a ponerse su tefilín por primera vez, un novio emocionado llegó en la más elegante carroza, listo para romper la copa y bailar toda la noche. Un papá llegó a hacer cumplir su pacto con el judaísmo, a efectuar el Brit Milá en su hijo. 

Un anciano festejó la libertad, otro celebró la emancipación, otro patrióticamente cantó y otro más se asimiló. Un rabino estudió en libertad, en una libertad tranquila que no duraría.

Un hombre elegante se sentó en la banca a escuchar música de Wagner, de Bach y de Mozart. Una mujer cayó detrás de él. Fue una bala en la nuca. Él rio. Cuando sonaba el invierno de Vivaldi, la sangre de una pequeña niña invadió la nieve. Otros tres niños cayeron. Él se levantó y se dirigió a su casa, satisfecho, con juguetes para sus hijos.

Del otro lado del parque un hombre se compadeció, su llanto silencioso se convirtió en acción y se dispuso a salvar a tantos humanos como fuera posible, Oskar trabajó y lo logró. El hombre ahora es un Justo entre las Naciones.

Ellos vivieron, ellos agradecieron, ellos lloraron, ellos se entristecieron, ellos se enojaron, ellos cayeron, ellos rieron, ellos disfrutaron, ellos odiaron, su destino fue la muerte, su crimen fue nacer. En un tren se fueron y nunca regresaron aquí, a esta plaza que lo vio todo. Ella es un testigo de la muerte, del exterminio. 

Sin embargo….

Aquí nos encontramos, aquí estamos parados, aquí bailamos, aquí cantamos, aquí leemos, aquí escuchamos. Aquí estamos. Aquí estamos 76 años después de que, a precisamente dos cuadras de esta plaza, se dieran las primeras ideas de exterminio a nuestro pueblo, al pueblo judío.

 Aquí estamos, aquí donde los judíos vivieron, celebraron, celebraron Bar Mitzvot, bodas. Aquí donde un viernes en la noche, los hombres caminaban saliendo del templo dirigiéndose a sus casas, donde los esperaban las mejores cenas de Cracovia.

Aquí estamos parados. Aquí donde hubo personas diferentes en un mundo indiferente. Aquí estamos. Aquí donde a dos cuadras, Oskar Schindler salvó más de dos mil vidas, de dos mil valiosas vidas que hubieran sido cobardemente acabadas a manos de un feroz antisemitismo.

Aquí estamos, cerca de un gueto donde la muerte era cotidiana, donde la muerte aparecía en los rincones más insólitos, donde la muerte era más común que la vida y era el destino de cualquiera.

Pero aquí estamos. Aquí estamos parados y estamos vivos. Aquí los recordamos a ellos, aquí nos recordamos a nosotros. Aquí nos vemos en el espejo y encontramos a una niña que no pudo jugar, a un joven que no pudo cantar, a un viejo que no pudo leer, a un niño que no pudo vivir, a una mujer que no pudo ser mamá, a un niño que no pudo nacer. Vemos a miles de niños que no pudieron nacer.

Aquí estamos parados, vivos, donde hubo gente parada, lista para morir.

Aquí estamos parados, recordando, donde hubo gente a la que no le dio tiempo de recordar lo que vivió.

Aquí estamos parados, sintiendo, donde hubo gente que ya no pudo sentir más.

Aquí estamos, en esta plaza en Cracovia. En esta plaza que marcaron nuestros antecesores con sus movimientos y firmaron con sus sentimientos.

Aquí estamos, viviendo.